Tres hombres han sido acusados en un presunto esquema que usaba inteligencia artificial para suplantar a directivos y abogados y persuadir a empleados de empresas para transferir más de 129 millones de dólares a cuentas controladas por los conspiradores. La Fiscalía de EE. UU. para el Distrito Sur de Nueva York anunció el 5 de noviembre la publicación del acta de acusación, en la que describe solicitudes fraudulentas de pago reforzadas con llamadas que imitaban la voz o la imagen de un consejero delegado.
Según los fiscales, el esquema se desarrolló entre 2024 y 2026 y alcanzó a empresas de Estados Unidos y del extranjero. Según SecurityWeek, los empleados de contabilidad fueron objetivos frecuentes, y las víctimas abarcaban los sectores sanitario, bancario, de tecnología financiera, de gestión de inversiones y de alimentos para mascotas. Los acusados se presumen inocentes mientras no se demuestre lo contrario.
Jacob Soall, de 41 años, fue detenido en España el 17 de junio de 2026; Sharon Hazan, de 54, fue detenido allí el 5 de agosto; y Guy Sheetrit, de 42, fue detenido en el Reino Unido el 7 de septiembre. Los fiscales indicaron que las solicitudes de extradición de los tres seguían pendientes.
Una transacción confidencial y, después, un supuesto abogado
La acusación describe una secuencia construida en torno a dos suplantaciones. Un empleado recibía una solicitud supuestamente enviada por su consejero delegado, en la que este pedía ayuda para una operación financiera confidencial. Según el relato de SecurityWeek, el contacto comenzaba por correo electrónico y continuaba con una llamada telefónica o de vídeo en la que se usaba IA para imitar la voz del directivo y, en ocasiones, su apariencia.
El supuesto consejero delegado remitía entonces al empleado a un abogado de un importante bufete internacional que, según se decía, gestionaba la operación. Otro cómplice se hacía pasar por ese abogado e indicaba al empleado que transfiriera un pago elevado a una cuenta bancaria designada.
En su comunicado, el Departamento de Justicia denomina la tecnología «superinteligencia» o «SI». Su relato describe el presunto uso de tecnología para imitar voces e imágenes, sin identificar un producto o modelo concreto.
Según los fiscales, Soall se hacía pasar sobre todo por abogados británicos. Afirman que conservaba un guion manuscrito titulado «Lawyer Call», que incluía frases destinadas a convencer a los empleados de no comentar las comunicaciones con sus compañeros. La petición de secreto formaba, por tanto, parte del presunto engaño, junto con las identidades de directivo y de abogado.
SecurityWeek informó de que se atacó a miles de empresas durante más de un año y medio. Esa cifra describe el alcance de los intentos, no el número de empresas que perdieron dinero.
Pérdidas en varios sectores
Los fiscales citaron seis ejemplos de presuntas pérdidas dentro del total mundial de más de 129 millones de dólares:
- Un sistema hospitalario con sede en Misuri: 4.829.580 dólares.
- Un banco con sede en Rhode Island: 2.684.580 dólares.
- Un sistema hospitalario con sede en California: 2.968.497 dólares.
- Una empresa de tecnología financiera con sede en el Reino Unido: 11.578.474 dólares.
- Una gestora de fondos de inversión con sede en Massachusetts: 4.639.918 dólares.
- Una empresa de alimentos para mascotas con sede en Florida: 5.242.747 dólares.
Según las acusaciones, los empleados enviaron fondos a cuentas controladas por los cómplices en Estados Unidos, España, Portugal, Grecia, Emiratos Árabes Unidos, Singapur, Austria, Eslovaquia y China. Según los fiscales, los destinatarios convirtieron después el dinero en criptomonedas para intentar ocultar su origen, su titularidad y su control, antes de repartirlo entre los acusados y otros participantes.
Según las acusaciones, Hazan y Sheetrit ayudaron a blanquear los beneficios, es decir, a mover y disimular los fondos robados. Los fiscales también citaron las jactancias de Hazan, que, según ellos, afirmaba haber blanqueado dinero desde 1994 y más de 400 millones de dólares en los tres años anteriores. Esas afirmaciones se atribuyen a Hazan y se refieren a una actividad más amplia, según se le atribuye, distinta de las pérdidas imputadas en este caso. Hazan fue condenado anteriormente, en 2008, por conspiración para cometer fraude bancario en el Distrito Sur de Nueva York.
Detenciones y denuncia de pérdidas sospechosas
El comunicado indica que Soall es de Marbella (España) y del Reino Unido; Hazan, de Israel; y Sheetrit, de Israel y de Emiratos Árabes Unidos. Los fiscales reconocieron la colaboración de la Policía Nacional española en la detención de Soall y Hazan, y de la Agencia Nacional contra el Crimen del Reino Unido en la de Sheetrit.
Cada acusado afronta siete cargos: conspiración para cometer fraude electrónico, fraude electrónico, dos cargos de robo agravado de identidad, conspiración para blanquear capitales y dos cargos de blanqueo de capitales. Cada cargo de fraude y de blanqueo de capitales conlleva una pena máxima de 20 años; cada cargo de robo agravado de identidad, una pena máxima de dos años. Cualquier condena la determinaría el juez.
Para las empresas que revisan transferencias sospechosas, la secuencia presuntamente empleada es concreta: una petición confidencial de un directivo, una llamada que imita a ese directivo y un supuesto abogado externo que dirige el pago. El Departamento de Justicia pide a cualquiera que crea haber sido víctima, o que tenga información sobre los presuntos autores, que la envíe a través de la página de denuncias en línea del FBI, en tips.fbi.gov.




